¡Primavera! La revolución de los tambores

Elsa Moreno (Valencia, 1999), poeta y creadora escénica, ganadora del V Premio Nacional Poesía Viva L de Lírica. Cofundadora de la compañía de danza-teatro Cía L'Abocador, coordina el colectivo de mujeres poetas Las Sin Rostro y es parte del dúo de música experimental y spoken word Poesía Sintética (con Carles Pedrón aka Sr. Charli). Ha publicado "En un lugar limítrofe" (La Imprenta, 2023) y "Prendida o el valor de erguir" (Arrebato, 2025), poemarios trasladados a escena por la propia autora. Su línea de investigación artística atraviesa el cuerpo y el entorno natural. Se enmarca dentro de la poesía expandida o poesía viva y la ecopoesía. 

Fotos: Rose Hurtado 

Comenzará en primavera, como todas estas cosas. Serán tres meses vibrantes de purga sonora para dejarle el terreno allanado a la Luna. Cuando llegue la noche-en-el-día del 12 de agosto, ella sólo tendrá que plantar su semilla de nácar. Qué hermosas perlas beberemos, perlas brotadas de la ceniza.

Usaremos tambores, que bien podrían ser sartenes, cajas de zapatos, garrafas vacías... cualquier utensilio que atente contra el consenso. Para que los golpes resuenen con fuerza, debemos vaciarnos de miedos. Los tambores, que nos irán acompañando todo el trimestre, adoptarán el nombre de nuestros temores: COLAPSO CLIMÁTICO, ECOCIDIO, FASCISMO, FONDOS DE INVERSION, GENOCIDIO, ICE, TRUMP, TRUMP CON EL NOBEL DE LA PAZ, LA IA, LOS QUE CONTROLAN LA IA... Y en cada golpe —¡Aullad! ¡Gruñid! ¡Ululad! ¡Barritad! El primer tambor lo llevamos en la garganta— un rayito de esperanza. Luna, danos la noche, la libertad, tumba al astro rey; danos la noche, la libertad, extenderemos tu sombra sobre el fuego de nuestros reyes.

Tenemos más de cuerpo celeste que de maquinaria y sin embargo, vivimos falsamente como autómatas. Para recuperar nuestro poder, debemos mirar más allá de los límites virtuales. La Luna es nuestro ejemplo: podemos saltarnos el orden y hacer la noche y apagar su fuego y desatar la locura hasta que huyan despavoridas las viejas creencias.

El ecuador de la revolución será el 27 de junio. Apenas tres noches antes, felices saltando las hogueras, estaremos celebrando la regresión del Sol a la noche, pero no es suficiente. Debemos inventar nuevos ritos para nuevos tiempos. Con el humo aún pegado a nuestra piel, el 27 de junio haremos nuestro sacrificio solar: objetos amarillos o anaranjados —limones, zanahorias, libros de Anagrama, chalecos reflectantes, equipamientos de running, ópalos de fuego, girasoles, crisantemos—, los dejaremos en un cuenco metálico y con el carbón de las brasas de San Juan, mezcladas con agua de mar, los hundiremos en lo oscuro.

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Poesía equinoccio | primavera | Revolución

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