No Dance Hacia una anarquía de la contemplación
Pablo Hermida es realizador, productor, docente y director creativo. Ha dirigido y producido más de 400 spots publicitarios, con un papel destacado en el desarrollo de la postproducción y en el uso creativo de tecnologías emergentes. Su trabajo ha sido reconocido en festivales internacionales y presentado en instituciones como el Museo Reina Sofía. En 2023 estrenó en Madrid el cortometraje "El hombre más rápido del mundo", realizado con realidad virtual (Unreal Engine). En los últimos años su práctica se desplaza hacia el archivo, el montaje audiovisual y sonoro, la fotografía, la pintura y la curaduría musical.
Vivimos en un régimen de aceleración permanente. Todo debe moverse, circular, producir.
El movimiento se volvió obligatorio. La quietud, sospechosa.
NO DANCE surge de una incomodidad frente a ese mandato. No como retirada romántica ni como nostalgia de un tiempo perdido, sino como suspensión consciente. Una interrupción mínima en el flujo.
John Cowper Powys habló de “ese breve momento de Ser entre dos silencios impenetrables”.
NO DANCE ensaya algo cercano: habitar la pausa como práctica, no como carencia. La contemplación como gesto crítico. La quietud como forma de sustraerse, aunque sea momentáneamente, a la coreografía impuesta.
La exploración se sitúa en los umbrales: espacios de tránsito donde las estructuras se resquebrajan y el sentido aún no ha sido fijado.
Ese territorio intermedio que posibilita no reproducir automáticamente lo esperado.
En un entorno que homogeneiza, acelera y neutraliza la diferencia, no hacer adquiere una dimensión política. No porque sea mejor que hacer, sino porque el movimiento se volvió obligación.
Cuando todo debe integrarse y optimizarse, la quietud aparece como un gesto de resistencia.
Formalmente, la pieza articula una tensión entre saturación y contemplación. Entre la violencia del flujo y la presencia detenida.
No se trata de oponer dos mundos, sino de hacer visible el umbral que los separa y los conecta. Ese instante en que aún es posible decidir si se baila o no al ritmo impuesto.
NO DANCE no ofrece soluciones ni construye manifiestos. Funciona como laboratorio sensible: una tentativa de explorar cómo la práctica artística puede abrir otras formas de relación con el tiempo, el cuerpo y la experiencia.
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