La leyenda de Unabomber Los hermanos Kaczynski versus la IA
Nadal Suau (Palma, 1980). Ensayista, crítico literario y profesor, es doctor en Literatura Contemporánea y colabora regularmente en medios como El País, Publishers Weekly en Español, Cuadernos Hispanoamericanos o CTXT. Editor del sello H&O, es autor de libros como Temporada alta (Sloper, 2019), San Francisco (Tintablanca, 2022) o Curar la piel. Ensayo en torno al tatuaje (Premio Anagrama de Ensayo 2023).
Foto: Olivia Ibáñez
- Collages:
Carmen Torreblanca
Vuelve Unabomber, porque siempre vuelven los relatos perfectos, los grandes héroes y los grandes villanos —y especialmente, los personajes capaces de parecer héroes o villanos según quién mire o cómo lo haga—, pero también, y este es otro asunto, las ideas poderosas. Vuelve Unabomber a las librerías1 y a los canales de YouTube, a las redes sociales en las que numerosos usuarios enarbolan el lema “Ted Kaczynski was right”, a los comentarios sobre el caso Epstein, a la tradición política del ecofascismo, al podcast de Soy Una Pringada, a la conversación pública. Es tiempo de profetas.
Para quien no conozca la historia de Theodore John Kaczynski, voy a resumirla a continuación. Nació en 1942 en una familia obrera de origen polaco. Su madre era ama de casa y su padre un blue-collar worker, si bien ambos eran excelentes lectores, apreciaban la música y daban mucha importancia a la formación reglada. Desde muy pronto, quedó claro que Ted era un genio, un superdotado para las matemáticas, la música, el pensamiento abstracto en general o la lectura literaria. David, su hermano menor, era un chico listo y sensible, aunque dentro de límites más convencionales. Si Ted era poco sociable, David nunca tuvo problemas para lograr una razonable popularidad. De algún modo, se protegían mutuamente: Ted a David, porque era el mayor; David a Ted, porque era él quien sabía lidiar con el mundo real. Hasta donde sabemos, se querían mucho.
"Ted aspira a llevar una vida aislada en plena naturaleza, una vida de cazador-recolector autosuficiente (...) en 1971 se instaló en una cabaña minúscula de once metros cuadrados en las montañas de Lincoln, Montana, sin electricidad ni agua caliente, sin vecinos en varios quilómetros a la redonda".
Theodore desembarcó en la Universidad de Harvard a los dieciséis años (en realidad a los quince, eso sí, días antes de su cumpleaños) para estudiar matemáticas. En los años siguientes, demostró ser una de las grandes mentes de su generación en el entorno académico de élite, pero también se quebró su capacidad de encajar en sociedad. Las explicaciones son múltiples, o quizás no dispongamos de ninguna convincente. Décadas después, cuando Ted ya era Unabomber para el planeta entero, la madre iba a hablar de un trauma infantil de abandono, mientras que el Internet más lúbricamente conspiranoico atribuiría el carácter de Ted a su participación en un estudio vinculado a MKUltra, un proyecto de manipulación mental de la CIA (es un hecho documentadísimo que fue sometido a un programa de ese tipo durante tres años). Tampoco pasaría desapercibido que Ted nunca quiso matricularse en Harvard, como lamentaba en las furibundas cartas que en los años ochenta dirigió a sus padres echándoles en cara que lo presionaran para desarrollar una carrera “de prestigio”. Lo cierto es que no sabemos cómo justificar la existencia de alguien como Ted, así que especulamos y especulamos.
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