Tribuna ¿Qué es ser humano en 2026?

Silvia Bardelás

Silvia Bardelás (Vigo, 1967), doctora en Filosofía por su tesis Una teoría de la novela, es escritora, traductora y editora en De Conatus. Autora de tres novelas —As Médulas (2010), Unha troita de pé (2011) y Destiempo (2021—, dirige el blog literario El lector perdido y ha publicado en la editorial Acantilado el ensayo Una conciencia nueva. La urgente pregunta de quiénes somos (2026). 

El escultor Francisco Leiro sentó a don Quijote en una cama de hierro. Está rígido, en ropa de dormir, con la mirada ida, como poseído por una pesadilla. Lo que impresiona es la rigidez de sus piernas y de sus brazos, la imposibilidad de movimiento y de acción. No hay cuerdas que lo aten a las barras de hierro de la cama, es la razón la que lo ata, la idea sobre el mundo perfectamente definida y ordenada que proclaman los libros de caballerías, la idea que no le permite ver. Está abducido igual que Madame Bovary más tarde lo estará por las novelas románticas. Las ideas son ataduras más difíciles de soltar que una cuerda física. Pero el viaje de don Quijote es un viaje de liberación. El encuentro con paisajes y personas, con animales e historias nunca escuchadas le obligan a salir de su cueva ideológica y a reaccionar desde un lugar desconocido, su propia singularidad, la emoción ante lo que no puede entender. La literatura se adelanta muchas veces a lo que ha de venir porque es capaz de intuir las fuerzas que nos mueven y que son invisibles a los ojos de la realidad cotidiana.

Ahí estamos, nosotros, los que vivimos el siglo XXI, en 2026, observando paralizados este momento histórico impulsado por la destrucción. Se derrumba nuestra llamada sociedad del bienestar, nuestra legislación internacional para asegurar la paz y nos encontramos ante un páramo vital que nos obliga a preguntarnos quiénes somos. Esa pregunta nos lleva primero a plantearnos un diagnóstico que dé cuenta de cómo hemos llegado hasta aquí, hasta una barbarie inimaginada que va más allá de lo político o lo económico, que nos afecta en el día a día. ¿Es posible que habiendo estado tan preocupados por una supervivencia cómoda hayamos perdido lo que nos define como humanos, la sensibilidad? 

La razón independizada de la sensibilidad, la razón como luz que, de manera autónoma, iba a ser capaz de entender la vida en su totalidad, nos ha dejado un mundo arrasado en cuanto a experiencias subjetivas. Nos ha dividido en grupos enfrentados desde una hiperdefinición absurda resumida en siglas imposibles de reconocer. Ha sustituido las palabras que se referían a experiencias que tienen que ver con la sensibilidad, como amor, felicidad, belleza, por otras más asequibles, entendibles, limitadas y que controlan la emoción. Hemos cambiado todas las palabras que nombraban las experiencias sensibles por otras desafectadas, por otras que son susceptibles de ser razonadas y normativizadas: apego, LAT, BAE, CRUSH, crianza, ikigai, etcétera, etcétera. Palabras que emocionalmente no nos atañen, es más, palabras que nos liberan de sentirnos de una manera radical, de una manera existencial, la única manera que nos da sentido. Por eso la angustia, la ansiedad, los trastornos de alimentación, tantas y tantas maneras de inflingirnos daño y sufrir como consecuencia de una vida que curiosamente intenta evitarnos el sufrimiento sólo las podemos tratar desde fármacos que alteren nuestra química. La sociedad dirigida sólo al bienestar material nos lleva además a grandes diferencias sociales porque la supervivencia física tiene precio. Hemos olvidado la única forma de igualdad que es la de nosotros existiendo antes de ninguna clasificación, definición, etiqueta. 

 El amor ya no es una energía vital que surge del deseo de relacionarnos con algo que nos hace sentir bien, ahora es una especie de obligación de relaciones definidas. Ese amor lleva consigo todo un despliegue de productos intelectuales y materiales que ayudan a su realización y que mantienen un sistema de control blando, sin violencia, pero que funciona desde el miedo metafísico.

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Tribuna Pensamiento | filosofía | humanismo | 2026

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