Otra cara de la España vacía Rehabitar casas-cuartel
Marta Cao Valiani
Marta Cao Valiani nació en Buenos Aires y vive en Madrid. Es arquitecta y lleva buena parte de su trayectoria profesional vinculada a la arquitectura pública y la gestión de proyectos complejos. Cuenta con formación especializada en arquitectura bioclimática y sostenibilidad. Ha sido coordinadora del Plan de Rehabilitación energética de 25 casas-cuartel en la España del reto demográfico, que se llevó a cabo en el marco del Plan de Recuperación financiado por fondos Next Generation. Su mirada se amplía hacia la sostenibilidad, la vivienda, la regeneración urbana, el reto demográfico y el papel de la arquitectura como herramienta de transformación social y política para recuperar edificios abandonados y que un territorio siga vivo.
La despoblación no se combate solo con carreteras, ayudas o incentivos para atraer nuevos habitantes. A veces empieza por algo mucho más concreto: mantener en pie los edificios que sostienen la vida cotidiana. Como las casas-cuartel de la Guardia Civil, ejemplos vivos de una arquitectura casi invisible que, en muchos pueblos, representa presencia, servicio público y comunidad. La autora de este artículo, que ha sido coordinadora del Plan de Rehabilitación energética de 25 de estas casas-cuartel en la España del reto demográfico, defiende que la rehabilitación arquitectónica de un edificio que albergó un servicio público es una política demográfica importante.
Hay edificios que forman parte de un territorio aunque nos cueste identificarlos como parte del paisaje. No son monumentos, ni aparecen en los catálogos del patrimonio arquitectónico. Sin embargo, pertenecen a la memoria de quienes viven allí: una plaza, una estación, un bar, la iglesia... Y, aunque cueste creerlo, la casa-cuartel.
En la mayor parte de los pueblos españoles, la casa-cuartel pertenece a esa categoría de arquitecturas silenciosas que vienen acompañando desde hace décadas la vida cotidiana. Tradicionalmente asociada a sus moradores originales —la Guardia Civil—, es vivienda, lugar de trabajo, y, sobre todo, una presencia que representa la permanencia de una prestación en aquellos territorios en los que cada vez quedan menos servicios.
Estos datos no son conocidos por la población, pero la Guardia Civil es responsable de la seguridad en el 84,55% del territorio y del 83,6% de los municipios españoles. Las y los agentes asignados en pequeños distritos conforman una estructura de atención y cuidado a sus habitantes. En realidad, en nuestros días, cumplen prácticamente la función de trabajadores sociales: lejos de su papel vigilante y punitivo en tiempos del franquismo, hoy asumen funciones que van desde ayudar a vecinos hasta ocuparse de cuestiones públicas de toda índole. Quizá por ello, la Guardia Civil es una de las instituciones mejor valoradas por los ciudadanos.
Y es precisamente en estos puntos de la geografía deshabitada donde la Guardia Civil representa en exclusiva a las administraciones públicas; una peculiaridad que le otorga un papel de liderazgo y de asistencia a la población en un sentido muy amplio, que va mucho más allá de velar por la seguridad y que está arraigado en la memoria colectiva.
El valor de las casas-cuartel reside en esa relación que mantienen con el territorio: con sus habitantes, con sus visitantes, con sus paisajes, con sus carreteras y con las historias personales que se desarrollan a su alrededor. Y ese valor está por descubrir. Por eso, hablar de su rehabilitación es hablar de la posibilidad de seguir habitando en los lugares más apartados.
La arquitectura como forma de permanencia
Como sabemos, España viene experimentando una profunda transformación territorial, pareja a su problemática residencial. La población se concentra cada vez más en las ciudades mientras en los pueblos se pierden habitantes, servicios y actividades. Más de la mitad del país está ocupado por menos del 3 % de la población. Y aunque la despoblación suele medirse en cifras y curvas demográficas, tiene una dimensión material que puede verse en las viviendas vacías, las persianas cerradas, los edificios sin uso, los tejados caídos, las ventanas rotas y las construcciones sin función.
Cada vez que desaparece un servicio, desaparece una parte de la vida cotidiana que posibilita habitar una región. Por eso, la arquitectura pública trasciende la ocupación de edificios y mantenerla en pie es la base para sostener la relación entre las personas y el lugar.
La casa-cuartel constituye un caso especialmente significativo de esto último. Como se ha dicho, en la España rural, la Guardia Civil es una de las escasas —y en ocasiones la única— institución con presencia física en las áreas más afectadas por la despoblación. En este caso, la arquitectura adquiere una dimensión política y cultural: permite que una población continúe formando parte del territorio y que persevere cierta conciencia de comunidad.
Pero, ¿qué es una casa-cuartel?
Desde un punto de vista funcional, es un edificio destinado simultáneamente a vivienda y servicio. Pero esta definición es insuficiente. Durante generaciones, las casas-cuartel han sido una arquitectura reconocible en el paisaje español. Sus habitantes no han sido solamente los agentes destinados en ellas, sino también sus familias. Y sus usuarios, en sentido amplio, son los vecinos que acuden diariamente a resolver asuntos, o a buscar ayuda.
Por eso la casa-cuartel es un ejemplo claro de arquitectura doméstica y pública, privada y colectiva.
Cuando la casa-cuartel da servicio a una pequeña entidad de población, uno de sus cometidos es asegurar proximidad, presencia y contacto directo con el ciudadano al que sirve y entonces, la casa-cuartel se convierte en parte de la vida diaria. O así ha sido por mucho tiempo.
Al fin y al cabo estas edificaciones fueron construidas hace décadas y han ido acumulado reparaciones parciales, modificaciones y soluciones que respondían a necesidades concretas de cada momento. De hecho, hasta hace veinte años, la prioridad fue resolver cuestiones de seguridad, mientras que aspectos como la habitabilidad, la accesibilidad y el confort se han ido perdiendo o quedando relegados.
El resultado de estas intervenciones es un patrimonio que no tiene ningún interés arquitectónico, pero sí un extraordinario valor territorial en la España vacía.
El Plan de Rehabilitación
Las primeras reseñas acerca de las necesidades de las casas-cuartel que dieron lugar a la redacción de un Plan de Rehabilitación se iniciaron el último trimestre del año 2020 con un estudio que llevó a cabo un equipo multidisciplinar y que derivó en una serie de propuestas, documentos e informes, fundamentados en la Estrategia Nacional frente al Reto Demográfico, que vieron la luz a lo largo del primer trimestre del año 2021 con el nombre de “La Casa Verde” y que tenían como base las siguientes evidencias:
- La Guardia Civil es un actor clave en la España del Reto Demográfico, siendo la principal y, a menudo, única referencia en ciertas zonas del territorio que representa al conjunto de las Administraciones Públicas en estos puntos de la geografía española.
- Con al avance de la despoblación y la merma de recursos derivada de la severa crisis económica de 2008, se agrava el menoscabo de las casas-cuartel y la afección que este deterioro tiene para las condiciones de vida y de trabajo de los agentes, de las familias que viven con ellos y de las vecinas y vecinos a quienes se debe dar el servicio.
Paralelamente, se aprobaron medidas para la modernización de la Administración Pública a través del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia. Así que aprovechando este contexto político, el Ministerio del Interior y el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico aunaron intereses. El 16 de diciembre de 2021 suscribieron un Acuerdo para poder materializar la voluntad de rehabilitar una serie de casas-cuartel en el marco del citado Plan de Recuperación.
El Plan nace así con una visión que va más allá de la rehabilitación física de los edificios. Integra eficiencia energética, sostenibilidad, protección del medioambiente, modernización de las infraestructuras y mejora del servicio público, entendiendo que intervenir en una casa-cuartel es también intervenir en el territorio. Se trata, en definitiva, de dignificar los espacios donde viven y trabajan los agentes y sus familias, contribuir a fijar población y reforzar la presencia y el servicio público en la España del reto demográfico. Un Plan que sitúa en el centro no solo los edificios, sino también a las personas y a los lugares que los habitan.
Rehabilitar frente a sustituir
La rehabilitación de estas edificaciones plantea una cuestión de fondo: ¿qué se hace con aquello que ya existe?
Durante mucho tiempo, se ha entendido renovación como sustitución. Sin embargo, en un contexto marcado por la crisis climática y la escasez de recursos, rehabilitar adquiere un nuevo significado.
Rehabilitar supone trabajar con lo existente. Supone reconocer que un edificio contiene materia, energía incorporada, memoria y relaciones con su entorno. Demolerlo para construir otro equivale a eliminar todo aquello que no aparece en un presupuesto: su condición de referencia para la comunidad.
La rehabilitación es, sin duda, la forma más exigente de sostenibilidad. Significa comprender el edificio, interpretar su relación con el entorno y decidir qué conservar, qué transformar y qué añadir.
Todo esto dio lugar a un Plan de Rehabilitación para 25 casas-cuartel de la Guardia Civil precisamente bajo esta necesidad, y la respuesta que se dio no consistió únicamente en reparar edificios, sino que se planteó como una estrategia de modernización que vinculaba la sostenibilidad con la dignidad del servicio público.
Arquitectura y clima: mirar el territorio
Uno de los aspectos más interesantes del Plan ha sido la idea de que cada edificio pertenece a un lugar.
Las actuaciones estuvieron distribuidas por territorios muy diferentes, desde la isla de El Hierro hasta el Finisterre y desde las regiones mediterráneas hasta el Cantábrico, por lo que las soluciones arquitectónicas no podían ser idénticas.
El clima ha sido una de las variables tenidas en cuenta: orientación, soleamiento, ventilación, protección frente al frío, sombra, materiales y vegetación forman parte de la adaptación al territorio.
En Calasparra, Murcia, por ejemplo, las decisiones de proyecto respondieron a un clima caracterizado por grandes amplitudes térmicas, elevada radiación solar y veranos muy calurosos. La intervención logró ahorros de energía próximos al 96 %.
En Muñogalindo, un pueblo de Ávila, el edificio debía responder a inviernos largos y fríos, heladas frecuentes y nevadas ocasionales, pero también a veranos secos y calurosos. La intervención incorporó medidas que permiten alcanzar ahorros de energía superiores al 83 %.
Pero el resultado más interesante de estas actuaciones no puede medirse en kilovatios hora.
Trascendencia del Plan: cuando rehabilitar significa volver a habitar
Hay otra consecuencia menos evidente: cuando un edificio público se transforma, puede convertirse en una referencia para su entorno.
Durante el desarrollo de las actuaciones se observó cómo los vecinos se interesaron por las soluciones técnicas incorporadas a las casas-cuartel y cómo preguntaron por la posibilidad de trasladarlas a sus propias viviendas.
Ha sido una forma discreta, pero poderosa, de transferencia de conocimientos.
La arquitectura pública puede enseñar que una cubierta produce energía, que un edificio antiguo puede ser muy confortable, que la accesibilidad es posible, que las energías renovables merecen la pena y que la rehabilitación puede mejorar tanto la calidad ambiental y paisajística, como la calidad de vida.
En los pueblos pequeños, donde la escala de la comunidad hace especialmente visible cualquier transformación, este efecto es aún mayor.
Más allá de las comprobaciones técnicas relacionadas con el ahorro energético, es interesante constatar que las intervenciones finalizadas en las casas-cuartel, no sólo han sido buenas para recuperar la habitabilidad y mejorar la calidad de vida de los agentes y sus familias; sino que propician una serie de transformaciones que se verifican en varios ámbitos.
En el ámbito arquitectónico han mejorado la funcionalidad, la accesibilidad y la imagen.
En el ámbito de la sostenibilidad, las medidas financiadas por los fondos NextGenerationEU implican ahorros extraordinarios y el entusiasmo que ese ahorro ha generado, alienta un cambio de mentalidad. Se han observado pequeños gestos e iniciativas de buenas prácticas que influyen en el entorno físico y social que rodea las casas-cuartel.
Las rehabilitaciones llevadas a cabo, reducen daños al medio ambiente, evitan las temidas demoliciones y frenan la ejecución de nuevas edificaciones totalmente innecesarias.
Para quienes entrevistamos a los agentes de la Guardia Civil en la fase de toma de datos, es fácil identificar que ha tenido lugar una sensibilización, tanto por parte de los ocupantes de la casa-cuartel, como por parte de los vecinos que, han tomado buena nota de lo que en ella se realiza.
En el ámbito social, el logro más importante para los habitantes del lugar es que se ha evitado la amenaza de perder este servicio público y todo lo que ello hubiera representado.
De las 710 viviendas asociadas a las 25 casas-cuartel, 573 estaban deterioradas y 137 permanecían vacías. Recuperarlas supuso poner en circulación un parque residencial indispensable en un territorio que pierde población.
Significa que muchas familias pudieron afincarse en pueblos solitarios.
Que un puesto de trabajo pudo cubrirse.
Que una escuela sigue abierta porque se integran niños nuevos.
Que una persona decide permanecer porque se siente acompañada.
Otro logro a recalcar es que la presencia en la región de un punto de atención especializada para víctimas de violencia de género y colectivos vulnerables tiene un impacto que suscita oportunidades de reflexión en lo que respecta a esta lacra.
En el ámbito económico, mientras han durado los trabajos de rehabilitación, éstos han supuesto la creación de empleo, tanto directo como indirecto, lo que ha favorecido las pequeñas economías locales. Asimismo, la necesidad de contar en las obras con trabajadores cualificados en faenas concretas propició algunos casos de formación para vecinos desempleados que ahora tienen un oficio.
Las obras no han sido meras actividades de construcción; sin más, sino que han gozado de cierta notoriedad en el territorio circundante, moviendo a la población local a interesarse por reproducir en sus viviendas tanto las mejoras de los aspectos constructivos como las que atañen a los sistemas de eficiencia energética instalados.
El Plan ha tenido un valor referencial que mejora los servicios que se reclaman en los territorios despoblados y que supone una aportación a ese gran pacto solidario que reivindican las mujeres y los hombres que siguen viviendo sus vidas en los territorios más desfavorecidos.
La seguridad es un servicio público esencial que, junto a otros como la sanidad o la educación, fomenta el desarrollo, siendo un mecanismo más a tener en cuenta para hacer frente a la España del Reto Demográfico, pues es la presencia de la Guardia Civil en el territorio la que favorece entornos seguros y legitima todo lo que atañe a esta prestación.
Cierto es que este Plan se queda muy pequeño en relación con las necesidades reales y la magnitud del trabajo pendiente, por lo que es fundamental que se promuevan más planes que renueven los edificios desaprovechados en la España deshabitada.
Porque lo que esta experiencia ha demostrado es que cada edificio público que se podría recuperar —una escuela, un centro de salud, un centro de mayores, una biblioteca o cualquier otro equipamiento—, puede desempeñar, como las casas-cuartel, un papel mucho mayor que el de su propia función: mantener servicios, generar comunidad y hacer posible que las personas sigan habitando el territorio que se va abandonando.
A futuro, se deberían seguir explorando las oportunidades de recuperación y reutilización del patrimonio existente en las regiones apartadas, destacando que se trata de una estrategia sostenible en el contexto de crisis climática y energética, a la vez que se da una nueva vida a edificios que forman parte de la identidad del territorio en el que se asientan.
La rehabilitación arquitectónica de un edificio que alberga un servicio público es, sin duda, una poderosa política demográfica.
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