Editorial

De este lado están los buenos, enfrente los malos. Aquí los que piensan como es debido, allá el resto. Por una parte el gran mercado, por otro los versos libres. En esta fila los nacionales, en esta otra los de fuera. Aquí los agraviados, allá los ofendidos. Aquí los cóncavos, allá los convexos. 

El mundo no está repartido, está partido en varias mitades. 

Quizá sea porque las tecnologías que prometían acercarnos han perfeccionado el arte de separarnos. Quizá sea porque cada día aparecen nuevas maneras de reducir la complejidad humana a una elección binaria: porque vivimos en una época obsesionada con dividir, clasificar y enfrentar. Quizá simplemente sea —suena aquí música amenazante, se escucha uno de esos portazos que ponen en los tráilers— por miedo. 

Durante siglos, el yin y el yang representaron algo más que una simple oposición. Eran fuerzas distintas pero inseparables. No existía una sin la otra. Hoy han roto relaciones. Están completamente desvinculadas y ya son cada uno su propia unidad. Ya no dialogan. No se corrigen. Van por libre. ¿La bolita interior esa que recuerda que el negro contiene algo de blanco y el blanco algo de negro? La han escupido como el hueso de una aceituna. No molestes, Lao Tse. 

Vendría bien una tercera mitad. 

Un lugar de ecoespiritualidad para laicos. Un sitio (in)evitable de humanos-máquina. Con una poderosa fuente a la que volver a por agua. Una vida entre los setos de un jardín. O de una pista de hierba, aunque sea con matchball en contra. De espacios liminales en los que perderse. O encontrarse. O al menos ralentizar la mirada. Puede que no haya futuro, pero todo es infinito. Como la poderosa fuerza humana, capaz de vencer la enfermedad. Como el compromiso profundo del arte verdadero, que lucha para que su posibilidad resuene. Se ven sombras y se escucha una pieza de piano para el solsticio. Y otra pieza más: Fiesta Andina del Sol. La gráfica pop/ular de la chicha peruana. Hay un sigilo. Algo de ciencia, de ciencia ficción y de ficción a secas. Conversaciones escuchadas en pasillos de instituto. Un visita americana a un parque madrileño. Un kit de supervivencia. Poemas sacados del olvido. Nuevos medios fundados contra corriente. Una música fabulosa que suena como un trueno. 

Esta es la segunda entrega de Lo Imposible, pero aparece pensando en esa tercera mitad. Que la disfrutes. Feliz verano. 

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