Malinche O la nostalgia imperial disfrazada de comedia pop

Pedro García‑Caro es catedrático de Estudios Hispánicos y Latinoamericanos en la Universidad de Oregon, donde dirige el Departamento de Lenguas Románicas. Su investigación examina las intersecciones entre la literatura, historia intelectual y formaciones territoriales en el mundo hispánico, con especial atención a los discursos imperiales y sus relecturas contemporáneas. Es autor de Tras la nación (Verbum, 2025). Como editor general de Periphērica, impulsa proyectos que articulan crítica cultural, estudios transatlánticos y debates sobre las distorsiones del conocimiento académico. Coedita con Cecilia Enjuto-Rangel las memorias del juez republicano Federico Enjuto Ferrán sobre el juicio de Alicante a José Antonio Primo de Rivera por rebelión militar, de próxima aparición en la editorial Comares (Granada).


 

 

 


 

El musical Malinche es un síntoma cuyo interés reside en el imaginario político que reactiva. Bajo la apariencia de espectáculo pop familiar, el proyecto de Nacho Cano reanima la vieja doctrina de la hispanidad —ese relato postimperial que España nunca ha terminado de abandonar— y la convierte en entretenimiento sentimental. La Conquista vuelve así al escenario no como conflicto histórico, sino como mito restaurado, despojado de violencia y envuelto en luz y color. El verdadero interés del musical no reside en su insolvencia financiera, ni siquiera en la explotación de migrantes indocumentados mexicanos por un empresario cuyo show intenta denegar la existencia de un régimen explotador colonial, sino en la ideología imperialista que sostiene el espectáculo: una actualización pop de la ideología de la hispanidad, oficializada bajo Miguel Primo de Rivera, convertida en dogma bajo Francisco Franco y hoy reciclada como entretenimiento familiar y global. Cano y sus acólitos buscan repintar de fiesta musical con sabor new-age en el paisaje español contemporáneo la muy poco estudiada historia de España en las Américas, poco estudiada en España. Es precisamente la educación patriótica, sesgada y acrítica de los regímenes autoritarios del siglo XX español y su larga influencia en la hegemonía cultural nacionalista española lo que impide comprender de manera cabal y crítica dicha historia. 

Malinche se constituye en una especie de cápsula de tiempo que nos permite dilucidar el estado del relato en el centro metropolitano del antiguo imperio español, devolviendo al presente algunos de sus viejos mitos, despojados de culpa o responsabilidad histórica y envueltos en luces LED. En el centro de esos viejos mitos repintados de rosa, encontramos un falso eslogan: “Cortés, fundador de México”. Lo que Cortés fundó se llamó oficialmente y durante trescientos años, la Nueva España: un espacio de dominio colonial que obliteró las estructuras de poder indígenas y sobreimpuso el régimen católico y feudal importado de la península. No deja de ser irónico que, mientras Cano convierte el escenario teatral en su púlpito para reanimar la vieja liturgia de la (novo)hispanidad, Isabel Díaz Ayuso (IDA)—una de sus principales defensoras— no pudiera tomar la palabra en el espacio que más visiblemente encarna la imposición colonial: la Catedral Metropolitana de Ciudad de México. Ese templo, erigido literalmente sobre las ruinas del Templo Mayor mexica y durante siglos escenario de la recepción ceremonial de los virreyes antes de instalarse en el palacio contiguo —hoy sede de la presidencia mexicana—, le fue vetado a IDA durante su reciente visita. El contraste es revelador pues allí donde la arquitectura colonial imponía silencio a los vencidos, ahora es el discurso hispanista el que encuentra límites. Esta paradoja, que conecta el musical con la política contemporánea y con la disputa por los espacios de memoria, es clave para trazar el arco argumentativo de este ensayo.

La hispanidad: un proyecto post-imperial que se resiste a morir

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Opinión Malinche | Hernán Cortés | México | hispanidad

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