Espacios liminales Una conversación con Valentina Tanni
Escritor, periodista y productor de audio. Sus últimos libros son Nadie nos llamará antepasados, Equilátera, Toma de tierra, Remake y Omega. Una historia oral del álbum que unió a Enrique Morente, Lagartija Nick, Leonard Cohen y Federico García Lorca. Ha publicado en El País, El Mundo, Culturas de La Vanguardia, El Confidencial, Rockdelux, Forbes y El Estado Mental (donde fue co-fundador). Es autor de varios proyectos como intérprete de spoken word y de los podcasts La Biblioteca de Julio, Simsalabim y Contemporánea (Fundación Juan March). Es fundador y coordinador de Lo Imposible.
Valentina Tanni
Altavista, Compuserve, Freetel...
Asombra pensar, como haces en tu libro, cuando hace unos treinta años, se podía recorrer prácticamente todo Internet si uno le echaba paciencia y unas cuantas horas. Mi pregunta es: ¿cuál sería el big bang de la estética de internet? ¿Dónde empezó todo?
Pienso que el comienzo, el punto de partida, puede situarse sin duda en el movimiento vaporwave: es la primera estética de internet y también la madre de todas las demás. Es la primera vez que tenemos una generación de jóvenes que ha crecido con internet. Y no solo con internet, también con los videojuegos, las consolas y la cultura digital, incluidos los reproductores de música portátiles. Hablo de esa generación que empezó a conectarse a finales de los noventa y principios de los dos mil. Hacia el final de esa década empezamos a ver a los primeros artistas y creadores produciendo obras que eran consecuencia directa de haber vivido en línea. El vaporwave es, creo, la primera vez que vemos emerger algo así. Primero en la música y después también en el ámbito visual.
Dicho esto, ¿es el vaporwave el primer revival musical del siglo XXI para ti?
Déjame pensar. Hm, no estoy segura. No soy una experta en música, aunque he estudiado bastante música electrónica, pero no soy especialista en historia de la música en general. Así que no sé si fue el primer movimiento revivalista. No estoy segura. Creo que no. Pienso que ya hubo otros revivals antes. ¿Tú qué opinas?
El revival de los años setenta es muy evidente, el de los ochenta también, el de los noventa igualmente. Pero cuando llegamos al siglo XXI tal vez ya no resulta tan claro. O quizá no me lo resulta a mí.
El vaporwave reinterpretaba muchos tipos distintos de música de finales de los setenta, los ochenta y los noventa. Dentro del vaporwave puedes encontrar y sonidos procedentes de tres décadas distintas. Además, aparecen géneros muy diversos: pop, jazz y también lo que se llamó muzak, toda esa música producida como entretenimiento o música ambiental. Hay muchísimo material distinto ahí. Lo que tengo claro es que en el centro mismo del vaporwave está la idea de apropiarse de cosas ya existentes y volver a recorrer el pasado a través de ellas. Como un eco lejano del pasado que nos llega desde otro lugar.
Quizá no se trate de revivalismo, pero sí claramente de nostalgia, lo que es un tema central del libro. Me parece muy interesante cuando dices que la nostalgia no es el deseo de regresar al pasado, sino de trascender los límites del tiempo y del espacio en un lugar como internet, donde todo parece carecer de edad.
Sí, la nostalgia desempeña un papel enorme en el vaporwave, pero también en todos los demás movimientos, en todas las demás estéticas de internet: dreamcore, weirdcore, cottagecore, dark academia... Todos son lecturas nostálgicas del pasado. También son reinterpretaciones idealizadas del pasado porque la mayoría de estos jóvenes sienten nostalgia por épocas que nunca vivieron. Es una versión idealizada absorbida a través de los medios de comunicación. No funciona mediante el recuerdo directo. Yo sí puedo recordar los años noventa porque estuve allí. No existe algo como una memoria pura. Siempre reinterpretamos, recreamos. Recordar siempre tiene un componente creativo. Creo que nuestro cerebro está constantemente simulando y remodelando los recuerdos. Se trata de utilizar ciertos detonantes: imágenes, música, palabras, atmósferas determinadas… Y así viajar mentalmente en el tiempo de forma virtual, convocar cierta atmósfera, cierta sensación, y transportarse allí.
Esto es consecuencia de nuestro momento histórico. Y no es algo del todo nuevo. Si observamos la historia, encontramos muchos momentos en los que determinadas culturas sintieron nostalgia por otras épocas consideradas doradas. A los romanos les pasaba con Grecia. Durante el Renacimiento existió una enorme idealización de la antigua Roma. Eso no es nuevo. Pero ahora sucede a una escala distinta porque, como decías, tenemos acceso las veinticuatro horas del día a una inmensa base de datos de materiales culturales de la que podemos extraer elementos. Así, la gente puede recrear atmósferas históricas con bastante precisión e intentar sumergirse psicológicamente en distintos periodos. Muchas personas desarrollan una percepción del tiempo en la que todo parece coexistir. Existe una sensación de atemporalidad. Hace poco leí un viejo artículo de Bruce Sterling donde decía, hace ya más de quince años, que no solo somos multiculturales sino también multitemporales.
Estoy de acuerdo. El vaporwave también resulta muy político, una especie de respuesta irónica al capitalismo. No recuerdo si esa idea es de Mark Fisher. También está Derrida con la hauntología...
Sí, por supuesto hay muchas referencias. Desde luego está la obra de Mark Fisher, toda la cuestión de la hauntología... También está el artículo sobre vaporwave escrito por Adam Harper, que es la fuente original del debate. Harper interpretaba el movimiento de una forma muy política. Decía que estos músicos se estaban burlando del capitalismo de una forma bastante evidente. Según él, eran esencialmente anticapitalistas. También establecía conexiones con Marx y con la idea de que “todo lo sólido se desvanece en el aire”. Incluso utilizaba una cita directa de El Capital, aunque de una forma bastante libre.
A partir de ese artículo surgió un enorme debate sobre la dimensión política del vaporwave. Algunas personas estuvieron de acuerdo con Harper y vieron el movimiento como una manera de apropiarse de los signos y símbolos del capitalismo para reutilizarlos de forma irónica y sarcástica. Pero al mismo tiempo muchos críticos y músicos quisieron distanciarse de esa interpretación. Decían que no era realmente político en ese sentido. Era más irónico y quizá más cercano a lo que hizo el pop art en el pasado.
Algunos artistas pop sí eran políticos, pero la mayoría jugaban con la cultura popular de forma irónica y sarcástica. Mostraban la necesidad de apropiarse de ese material y transformarlo en otra cosa. Así que dentro del vaporwave hay posiciones muy distintas. Hay quien se interesa simplemente en la atmósfera.
Pasemos del vaporwave al ASMR y de ahí a la salud mental. Me encantó tanto ese comentario de YouTube sobre la idea de una clínica u hospital ASMR. Y tu breve observación sobre el ASMR y la automedicación.
Sí. Hay un componente muy evidente en el ASMR, así como en los satisfying videos y en los vídeos de ambience videos. Todo este tipo de contenidos es utilizado por muchas personas como una forma de autocuidado y autoterapia. Por ejemplo, se emplean para relajarse, inducir el sueño, entrar en un determinado estado mental o modificar el estado de ánimo.
De hecho, cada usuario tiene sus propios desencadenantes. Por ejemplo, en mi caso, el único tipo de sonido que realmente funciona conmigo son los sonidos árticos: sonidos relacionados con el Polo Norte y, en general, con el frío. Pero cada persona tiene una atmósfera específica, una sensación determinada, una modalidad de ASMR que le funciona.
En un mundo muy estresante, la gente utiliza estos contenidos para reducir el estrés, bajar la temperatura emocional y, en términos generales, manipular su estado mental. Recuerdo que en el libro cito a Philip K. Dick en relación con esto. En ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? aparece esa idea de un órgano del estado de ánimo. Dick imagina una máquina en la que introduces un código y eliges el estado emocional que deseas, conectado directamente con tu sistema nervioso. Nosotros no tenemos una máquina así, pero metafóricamente hacemos lo mismo: utilizamos los medios de comunicación para modificar nuestra mente y nuestro sistema nervioso y llevarlos a un determinado lugar. A menudo eso funciona como una forma de autoterapia.
Voy a proponerte una teoría. Me interesa saber qué opinas. Pensaba que el ASMR podría ser una especie de respuesta a esa música bélica que escuchamos prácticamente en todas partes: en los informativos, en los tráilers de cine, en los debates políticos... Todo parece diseñado para colocarte en un estado de alerta constante. Quizá necesitamos sonidos más básicos para rebajar esa especie de espíritu gladiatorio. ¿Qué piensas?
Sí, creo que al principio era exactamente así. Pienso que eso era muy cierto en los primeros tiempos del ASMR. La mayoría de los vídeos eran muy calmados, muy relajantes. Todo giraba en torno a susurrar, bajar el volumen, escuchar sonidos suaves y tomar conciencia del propio cuerpo. Ese fue el comienzo.
Pero con el tiempo ocurrió que el número de géneros de ASMR y la cantidad de desencadenantes posibles se multiplicaron y fueron derivando hacia categorías cada vez más extrañas. Y eso terminó llevando a situaciones curiosas: personas que se duermen escuchando sonidos de guerra, sonidos de peleas en un callejón, o música atronadora procedente de la habitación de al lado. El ASMR se ha vuelto realmente raro. Creo que eso sucedió porque los usuarios veteranos desarrollaron cierta inmunidad a los estímulos más comunes. Y además los creadores de contenido intentaban destacar en un entorno cada vez más saturado. Es cada vez más difícil detener el desplazamiento continuo de la pantalla y captar la atención de la gente.
Por eso empezamos a ver versiones más y más extrañas del ASMR. Y algunas ya no son relajantes en absoluto. En YouTube puedes encontrar cosas como diez horas de bombardeos, o vídeos titulados «POV: estás durmiendo en las trincheras», llenos de ruidos de guerra. O vídeos del tipo: «Estás en la Edad Media muriendo de peste», donde una monja te cuida mientras se oyen sonidos ambientales de ese contexto. En teoría esos sonidos deberían resultar desagradables. Pero parece que la gente puede relajarse e incluso quedarse dormida con todo tipo de estímulos.
Si quieres luego puedo enviarte enlaces.
¿Sería el ASMR es el nuevo ambient?
Sin duda están relacionados. Los vídeos de ambientes, la música ambient y el ASMR forman parte prácticamente del mismo ecosistema de contenidos en YouTube. Y a veces se solapan.
Bien: hemos hablado de nostalgia. Y de algo que tendría un componente casi intrauterino. Habría un tercer gran factor en tu relato: el elemento psicodélico. Esto nos lleva a la cuestión de lo liminal. ¿Qué nos dice la palabra «liminal» sobre nosotros mismos en 2026?
Sí. Originalmente, el concepto de liminalidad hacía referencia a una condición psicológica y social. No se refería a espacios: eso es lo primero que conviene señalar.
Los primeros estudios sobre la liminalidad, de Van Genpen y Victor Turner [COMPROBAR], trataban de cómo atravesamos distintas fases en la vida. Y de cómo, en ocasiones, nos encontramos entre una fase y otra. Por ejemplo, entre la infancia y la adolescencia. Entre la escuela y el trabajo. Entre distintas etapas vitales. Otras veces puede referirse a una transición de género. O al periodo entre una enfermedad y la recuperación. Todo eso son espacios liminales en el sentido original del concepto. Así que, en origen, no se trataba de lugares físicos.
Hoy, en internet, casi todo gira en torno a espacios. La liminalidad online se asocia sobre todo a un estado físico representado visualmente. Por supuesto, luego podemos relacionar esos espacios con estados psicológicos de forma metafórica. Pero visualmente los espacios liminales son lugares físicos.
En un principio estaban vinculados a la idea de tránsito. Por eso aparecían tantos pasillos, aparcamientos, aeropuertos y otros lugares próximos a la noción de «no lugar» de Marc Augé [COMPROBAR]. Eran espacios de paso. Pero con el tiempo el concepto se expandió de forma espontánea y acabó convirtiéndose en otra cosa. Si observas imágenes de espacios liminales en Reddit o en cualquier comunidad, verás que el verdadero hilo conductor es otro. Todas esas imágenes están vacías de presencia humana. Siempre son espacios vacíos. Pueden ser escuelas, salones o cualquier otro lugar. Lo importante es que están deshabitados.
Pero siempre aparece esta idea de la kenopsia.
Exactamente. Hoy, cuando hablamos de liminalidad en internet, las estéticas asociadas a ella están mucho más cerca de la kenopsia, es decir, lugares que normalmente vemos llenos de gente y que, de repente, aparecen completamente vacíos. Eso desencadena muchas preguntas y muchas ansiedades, tanto a nivel consciente como inconsciente. Ver esos lugares vacíos, desprovistos de personas y también de función, resulta inquietante. La arquitectura se vuelve inútil. Son como máquinas vacías. Ya no parecen hechas para nosotros. O quizá representan el mundo después de nosotros.
Algunas imágenes generan ansiedad precisamente por eso. Pero otras son percibidas como extrañamente familiares. Por ejemplo, ves una piscina muy parecida a aquella a la que ibas de niño, pero ahora completamente vacía, con una iluminación extraña... Y entonces experimentas una sensación cercana al horror. Pero al mismo tiempo es un lugar familiar. Todo gira en torno a sentimientos contradictorios.
Y lo que me gusta especialmente de muchas de estas imágenes es que parecen venir realmente del pasado. Parecen contenedores de recuerdos. Las personas ya se han marchado y solo queda el espacio vacío. Como cristalizado. Son como contenedores de recuerdos.
¿Somos subconscientemente más maduros o simplemente estamos tomando demasiadas benzodiacepinas? Hace veinte años no hablaríamos de estas cosas y ahora una enorme cantidad de personas entiende perfectamente de qué estamos hablando. Y son conceptos complejos.
Por un lado, muchas personas comprenden estas ideas de forma intuitiva, aunque no necesariamente desde una perspectiva teórica. Pero eso también tiene que ver con internet. Si quieres aprender sobre espacios liminales, simplemente entras en YouTube y ves un vídeo ensayo de tres horas que habla de Marc Augé, de Victor Turner y te explica todo. Vivimos en la era de los explicadores.
Muchos jóvenes se obsesionan con una estética determinada, caen por la madriguera del conejo y aprenden todo lo posible sobre ella. No sé si eso es madurez, pero desde luego tenemos acceso a más conocimiento.
Y no solo en internet, también en la cultura popular. Porque ahora tenemos incluso una película de Backrooms...
Sí. Backrooms proviene de una imagen. De una imagen de espacio liminal. Fue una imagen publicada originalmente en 4chan. Apareció en un hilo compuesto por varias imágenes. El título era algo así como «Imágenes que simplemente se sienten raras». Muy genérico. Pero contenía esa idea de imágenes que no daban miedo en el sentido convencional, pero eran capaces de provocar ansiedad o misterio. Imágenes en las que percibes que algo no está bien. Que algo está fuera de lugar. Y te resulta difícil señalar exactamente qué es. Pero sabes que algo falla.
También está relacionado con una tendencia más antigua de internet, especialmente en el ámbito de los memes: las cursed images [COMPROBAR]. Estas consiste en compartir imágenes que parecen malditas, que transmiten una especie de energía negativa, como si estuvieran asociadas a una maldición o a una magia oscura. Imágenes que tienen una especie de aura negativa, que parecen tener una negatividad capaz de atravesar la pantalla y contagiarte.
Volviendo a Backrooms, la imagen apareció en 4chan junto a otras imágenes extrañas, cercanas al terror. Y entonces un usuario anónimo escribió unas pocas líneas debajo. Solo cuatro líneas. Y esas cuatro líneas dieron origen a toda una mitología y un lore. A partir de ahí surgieron miles de imágenes relacionadas, videojuegos y desarrollos narrativos. Existe una enorme wiki con niveles, personajes, reglas y toda una mitología. Lo fascinante de Backrooms es que todo empieza con una sola imagen.
Después una imagen acompañada de cuatro líneas de texto.
Y en apenas unos años —esto comenzó en 2019— se ha convertido en el mayor folk tale nacido en internet. Hoy ya tenemos una película, pero la raíz del mito y el lore siguen estando en internet. Es una narrativa construida colectivamente por la gente durante años.
Eso nos lleva a los shifters, la magia, las tulpas, Wonderland... Me interesa especialmente el tema de las tulpas y los pokemons.
En internet existe una relación muy estrecha entre los juegos y los rituales; eso es visible prácticamente en todas partes. Y las tulpas aparecen en ese capítulo porque comenzaron como algo parecido a un juego. Pero luego se volvieron algo muy serio.
Al principio eran una forma de juego de rol. Jóvenes experimentando con su identidad. Algo parecido a cuando unos adolescentes compran una ouija e intentan invocar espíritus. Ese tipo de actitud exploratoria que tienes cuando eres muy joven y sientes curiosidad por lo misterioso.
Entonces entras en internet y descubres una historia muy antigua. Una historia procedente del budismo. Y aprendes la existencia de las tulpas: entidades que nacen a partir de ideas. Puedes crear una de estas entidades. Pero después puedes perder el control sobre ella.
Todo esto gira alrededor de jóvenes jugando con conceptos espirituales muy antiguos. Al principio como un juego. Después algunos empezaron a tomárselo muy en serio y se interesaron también por la dimensión espiritual. Lo que sucedió con las tulpas es sorprendente. Muy serio por un lado. Muy pop por otro.
Otro movimiento involucró a Mi Pequeño Pony: se produjo una conexión extraña entre personas muy aficionadas a esos personajes y la idea de aplicarles el concepto de tulpa. Es una asociación completamente arbitraria. Pero así funciona internet. Y más tarde ocurrió algo parecido con los furries. Internet es un espacio profundamente sinérgico. Vemos constantemente fusiones entre cosas que, en teoría, nunca deberían ir juntas.
También quería preguntarte por el core: el weirdcore, el traumacore y el corecore.
Y quería preguntarte por algo relacionado con el LSD y la página 143, donde hablas de LSD: Dream Emulator. Sí. LSD: Dream Emulator fue un videojuego para PlayStation, un juego japonés. Y además es un videojuego de culto. Desde el principio fue concebido casi como una obra de arte en forma de videojuego. Como indica su propio título, la idea era emular lo que ocurre en los sueños. Recrear la atmósfera surreal de un sueño. Especialmente de un sueño psicodélico. Uno de esos sueños muy extraños. Existe una conexión evidente entre el LSD como sustancia capaz de provocar visiones y la capacidad que tienen los sueños para producir imágenes extrañas incluso sin necesidad de drogas. Nuestro subconsciente es perfectamente capaz de generar imágenes muy raras por sí mismo. Además, LSD: Dream Emulator está basado en un diario de sueños real. Y eso se percibe claramente. Hay atmósferas y mecanismos narrativos que reconocemos como profundamente oníricos.
Lo interesante es que se trata de un videojuego que, en cierto modo, no es un videojuego. No hay puntuaciones. No hay misiones. No hay objetivos. Simplemente recorres espacios, haces cosas, tocas objetos. Y en algún momento despiertas. Tocas algo y, de repente, te despiertas y todo vuelve a empezar. Todo gira alrededor de la simulación de una atmósfera mental. La atmósfera de un sueño. De un sueño febril. Surrealista. Psicodélico. Extraño. Experimentas el sueño estando despierto. Por eso este juego se convirtió en una enorme fuente de inspiración para quienes trabajan con las estéticas dreamcore y weirdcore. Ambas estéticas tienen un interés muy profundo por los sueños y por la lógica onírica, aunque de maneras diferentes. El weirdcore, como indica su nombre, está más centrado en lo extraño. El dreamcore es más sereno. En realidad son bastante parecidos; lo que cambia es la sensación que intentan transmitir. El weirdcore genera más ansiedad, es más misterioso, quiere provocar emociones contradictorias. El dreamcore es más tranquilo, más soñador en el sentido positivo, Son utiliza colores pastel suaves, lugares asociados a la infancia...
En cualquier caso, el juego fue una influencia enorme para quienes producen imágenes dreamcore y weirdcore.
El libro termina hablando de los portales. Hablemos de esa idea.
Trata de cómo internet es, en sí mismo, un espacio liminal. O quizá debería explicarlo de otra manera. Trata de cómo, cuando estamos en línea, no estamos ni aquí ni allí. Por ejemplo, ahora mismo estoy sentada en mi cocina con mi cuerpo [esta entrevista se hace por videoconferencia] pero al mismo tiempo estoy proyectada contigo en un tercer lugar que no está ni aquí ni allí. Estar en internet es una experiencia que divide partes de nosotros mismos. Forma parte de su propia naturaleza. Por eso las pantallas son portales.
Lo interesante es que esos portales parecen estar siempre abiertos. Podemos conectarnos las veinticuatro horas del día. Ya no es como en los años noventa, cuando ibas a una habitación específica para conectarte durante un rato y luego salías. Existía la habitación del ordenador: la habitación de internet; era un lugar concreto al que acudías para vivir esa experiencia. Hoy llevamos internet en el bolsillo las veinticuatro horas del día. Por eso el portal metafórico hacia esa otra dimensión hecha de contenidos está siempre abierto. Pero al mismo tiempo no está abierto en absoluto. Porque nuestros cuerpos siguen quedándose fuera. Y eso nos divide.
Estamos siempre un poco aquí y un poco allí. Creo que esa es una condición liminal en sí misma. Por eso utilizamos imágenes y sonidos. Intentamos recrear atmósferas y estados de ánimo para compensar esa ausencia. Queremos estimular nuestros cuerpos porque no podemos introducirlos en internet. Utilizamos imágenes, sonidos y ambientes para producir una estimulación sensorial artificial. Por eso existen el ASMR, los vídeos de ambientes, las estéticas visuales y toda la cultura de las vibes. Creo que todo eso son estrategias para compensar la ausencia de la dimensión física en internet. Intentamos simular artificialmente experiencias sensoriales.
Y, sin embargo, al final todo parece conducir a un elemento espiritual. Eso es lo que dices al final del libro.
Sí, existe un elemento espiritual, y cuando hablo de él lo hago en un sentido muy amplio. Creo que cuanto más tiempo pasamos conectados y más nos separamos de nuestra fisicidad cotidiana, más tendemos a explorar nuestra vida interior. Eso es prácticamente inevitable.
No siempre de una forma positiva, porque a veces esa exploración interior puede volverse problemática. Antes mencionabas a Marshall McLuhan: él ya sugería que la aceleración tecnológica podía producir este efecto. Y eso es exactamente lo que ha ocurrido. Cuanto más aceleramos, más nos volvemos hacia dentro. Parece contradictorio, pero es así. En lugar de abrirnos al mundo, tendemos a encerrarnos en nosotros mismos.
A veces eso es algo bueno. Puede conducir a la espiritualidad. Puede permitir que las personas conecten de manera muy íntima. Cuando hablas con alguien en internet a quien no conoces, a veces alcanzas niveles de intimidad extraordinarios desde el punto de vista de los sentimientos y las emociones. Y cuando ni siquiera ves físicamente a la otra persona, os encontráis en un espacio donde lo importante es lo que ocurre dentro de cada uno. Eso puede ser muy interesante. Incluso puede ser una experiencia espiritual.
Pero también existe el lado oscuro. Cuando toda tu atención se dirige hacia el interior, eso puede resultar peligroso. Las personas pueden caer en el autoengaño. Pueden perder la capacidad de relacionarse con quienes están fuera. Pueden desarrollar una visión distorsionada de la realidad y levantar barreras entre ellas y el mundo. Por eso no siempre es algo positivo.
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