Masstige Cómo afecta el branding a nuestra conciencia

Paloma Álvarez comienza su andadura en el mundo de la moda en los años 90, en Nueva York, como modelo. Siguió trabajando en la industria de la mano del prestigioso diseñador y estilista Juanjo Mánez. Juntos trabajaron para diferentes empresas de moda, firmas, revistas, como freelance hasta que en 2016 fundaron la firma Malne, pionera del slow fashion en España. También es profesora del máster Moda y lujo en el siglo XXI en la Universidad Cunef. 

He cometido crímenes contra el clima. He contribuido a la contaminación del agua y el suelo por químicos y microplásticos, a la emisión de gases de efecto invernadero que aceleran el cambio climático. He perpetrado acciones que tendrán como resultado que tus hijos ingieran derivados del petróleo equivalentes al plástico una tarjeta de crédito por semana, daños celulares que interferirán en su sistema inmunológico. He contribuido a que tus nietos mueran por una afección pulmonar, o por un golpe de calor extremo, o por una dana que les borre de la faz de la tierra. Puede que mueran de sed. 

He comprado fast fashion.

Pero antes de ser detenida por mi crimen, he de contarle a esa generación futura, a la que voy a destruir, cómo las técnicas de marketing evolucionaron a principios del siglo XXI. Es importante que sepan por qué millones de personas hemos llegado alegremente a una tienda y adquirido prendas que sabemos, a ciencia cierta, que pueden llegar a destruir ecosistemas y seres humanos. 

Ya sabíamos que la fast fashion termina en basureros textiles, porque el modelo de negocio de estas empresas gigantes consiste en abaratar costes a costa de Derechos Humanos, derechos de los trabajadores y también el medio ambiente, sobreproduciendo prendas, hasta cinco veces más de lo que ya se sabe que pueden vender. El hiper consumismo era lo habitual. 

El parlamento europeo, o entidades como Greenpeace, nos advertían del peligroso ciclo que suponía el consumo extremo de fast fashion: durante el proceso de producción, la enorme cantidad de agua que utilizan por prenda —2700 litros por una sola camiseta— los tintes utilizados, que contaminan con microplasticos el 20% del agua potable mundial, sobre todo en uno de los tejidos más utilizados por esas empresas, el poliéster. También nos enseñaron fotos de desiertos y playas anegados por toneladas de ropa utilizada y sin utilizar.

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