Vida y obra De un titiritero
Enric Montefusco (Barcelona, 1977). Compositor musical, letrista, autor multidisciplinar. Bajo el nombre de Standstill, surgido del mundo y el ideario de la contracultura musical de finales de los años 90, lideró durante 19 años una trayectoria atípica y de evolución vertiginosa. Llamó la atención del creador escénico Rodrigo García, quien en 2001 lo llamó para poner música a dos de sus obras, iniciando así su relación con el mundo del teatro. Ha publicado el libro de relatos Carne de cañón, ha dirigido una exposición (Genius Loci), un documental (10 años y una zanahoria) y los cuatro espectáculos escénicos de Standstill (Desencuentros, 1 2 3, Rooom y Cénit). En 2019 publica el disco Diagonal y en 2021 estrena el disco-espectáculo Viaje al centro de un idiota.
Oriol Garcia Quera (Barcelona, 1967). Dibujante y autor especializado en obras de temática histórica. Empieza publicando sus cómics en la revista Cavall Fort. Uno de ellos, Rocaguinarda, merece el Premi Crítica Serra d’Or 2004. En paralelo ilustra la colección Temps d’Espases de historia antigua y medieval. Suya es la serie Barcelona 1714, Corpus 1640 (2004), Guifré 897 (2006), Pallars 1487 (2008) y Mallorca 1229 (2010). A partir del año 2015 trabaja en la colección Traç del Temps. Participa en proyectos museográficos y ensayos históricos o de investigación arqueológica. Colabora como docente con la Escola Joso de Barcelona y el Consorci d’Educació de Barcelona. Sus obras son traducidas al castellano, al francés y al neerlandés. En Francia recibe el premio RAN de BD arqueológica 2024 con el título “Carthago Vetus. La cité perdue”.
E
n marzo de 2025 empezaba a sentir la urgencia de tomar alguna decisión. Standstill, la banda en la que deposité toda mi energía durante diecinueve años, había vuelto para actuar —después de diez años de inactividad— en un puñado de conciertos. La gira resultó ser la más agradecida y fluida de toda nuestra carrera. Algo había cambiado. Quizás el paso del tiempo realmente le sentaba bien a nuestra propuesta, que, vista con perspectiva, siempre había tendido más a poner semillas que a recoger frutos. De lo que no hay ninguna duda es de que también nosotros habíamos cambiado: la compleja y apasionada maquinaria humana que formamos volvía a tener sentido.
La gira resultó ser la más agradecida y fluida de toda nuestra carrera. Algo había cambiado. Quizás el paso del tiempo realmente le sentaba bien a nuestra propuesta, que, vista con perspectiva, siempre había tendido más a poner semillas que a recoger frutos. De lo que no hay ninguna duda es de que también nosotros habíamos cambiado: la compleja y apasionada maquinaria humana que formamos volvía a tener sentido.
Estaba claro que era un momento —otro— de cambio, incluso de salto. Las letras de las canciones que empezaba a escribir inevitablemente reflejaban la transición. Casi sin querer, noté que intentaban explicar —explicarme— por qué la negativa a seguir luchando con Standstill en el complicado y a menudo desagradecido mundo de la música se había vuelto un SI. Los textos reflejaban el sentido inicial y el proceso de "ataque" y adaptación a un contexto que se rige por unas reglas ajenas a nuestros parámetros. Reflejaban la conquista.
También el colapso. También la vida alejada de todo eso, con otros campos más personales que asaltar y, finalmente la sensación de desbloqueo posterior, por llamarlo de alguna forma.
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