Amarillo, rojo, azul. Vasili Kandinski, 1925

Cavilación Notas sobre la realidad

Lucas Martí Domken (Madrid,1984) es licenciado en economía, escritor y traductor de alemán, inglés y francés. Entre sus traducciones destacan Noche de fuego (Acantilado) de Colin Thubron, Sobre el poder del amor (Pretextos) de G. C. Lichtenberg y Diccionario lúdico de las culturas africanas (Oriente y Mediterráneo). Ha participado en libros colectivos como Pedir la luna, una reflexión colectiva sobre el arte de traducir (Enclave) o Erótica del C-19 (Huerga y Fierro). Colabora en revistas culturales como Vasos comunicantes, El Ciervo o FronteraD. Ha publicado la antología de Quevedo Presentes sucesiones de difunto (Árdora) y el ensayo poético con fotos de Mireia Sentís Novum (Huerga y Fierro). 

¿De qué escribir cuando se acelera la visión positivista de la realidad? ¿Cómo asimilar una mente perfeccionada para el procesamiento y análisis de las diferencias sin renunciar al lado mítico del mundo? Por un lado, somos máquinas de traducir la realidad según determinados estados de interés y emoción (que incluyen deseos, miedos, prejuicios, etc.). Por el otro, disponemos de un excedente computacional o una lujosa capacidad cognoscente para analizar, deformar y recrear la realidad de acuerdo con nuestra imaginación. Lo real existe como una materia dada y a la vez como una virtualidad latente. En función de cómo invirtamos nuestra atención y, por ende, nuestra conciencia, el mundo adquirirá una forma u otra, pues este pasa por nosotros, tanto en su forma terminada —el pasado que se repite en el presente— como en su forma potencial —el presente que se sueña futuro—. Conclusión: somos responsables directos de la realidad. 

Células que en su hacerse rata se hicieron humanas se hicieron mujer se hicieron varón se hicieron principio, mar, inteligencia originaria.

Tal vez no pueda evitar distraerme con juguetitos informáticos porque me infunden una sensación de poder, la capacidad de intermediar en procesos computacionales que la vida me esconde sin remisión. Pero aquí estoy, como siempre, escribiendo en busca de esa nota extraña, no pensada antes con palabras, que empuje a quien me lea a oscuras zonas del saber, donde las cosas flotan a la espera de una mente que las anime y rescate de su prisión utilitaria. Caigo, resbalo continuamente en frivolidades y me olvido de una ley fundamental: el tiempo se dilata con el pensamiento; luego cabe afilarse en tangentes de inmortalidad. Sí, puedo aceptar mis contradicciones, pero ¿qué gano haciéndolo? Una simple vida humana tal como la conocemos, con claroscuros y emociones más o menos domadas. ¿No podemos aspirar a más? ¿No podemos extender la lengua hasta los confines del universo? Si en mí se concentra una deriva genética (esto es: que parte desde un punto cero), ¿no puedo estirarme hacia atrás, al origen de la aceleración cósmica?

Soy la vida que se mira a sí misma y alucina.

Este contenido está disponible solo para suscriptores a Lo Imposible.

Suscríbete o hazte una cuenta gratuita para seguir leyendo
Pensamiento filosofía | conciencia

Ya lo habrás visto, leído y escuchado: hemos preparado ya dos números en los que han participado más de 65 personas.

También habrás visto que no te han aparecido banners. Que no había logos de marcas ni instituciones. Que respetamos tu privacidad y tus tiempos de lectura

¿Tendremos algo nuevo que ofrecerte dentro de tres meses, en el solsticio de invierno? Si nos ayudas, seguro que sí.

¡Ayúdanos a volver a hacer Lo Imposible!

Dona en Patreon Suscríbete