Tribuna Tecnología como control
Cecilia Rikap (1984) es una economista e investigadora argentina. Es Profesora Asociada de Economía y Jefa de Investigación del Instituto de Innovación y Propósito Público del University College de Londres e investigadora asociada del laboratorio COSTECH de la Université de Technologie de Compiègne en Francia. Ha impartido en las universidades de Oxford, Cambridge, Durham, Edimburgo, Yale, Berkeley, Nueva York, entre otras. Es autora de Capitalism, Power and Innovation: Intellectual Monopoly Capitalism Uncovered (Routledge), que ganó el Premio Joan Robinson de la EAEPE, y de The Digital Innovation Race: Conceptualizing the Emerging New World Order (Palgrave), en coautoría con Bengt-Åke Lundvall.
Foto: Coni Rosman
- Ilustración:
Ave Félix
En la batalla por definir el futuro de la inteligencia artificial, Silicon Valley habla con voces distintas pero persigue un mismo objetivo: consolidar su poder. Mientras los futuristas reaccionarios sueñan con sustituir al Estado por el mercado y la tecnología, las corporaciones prefieren someterlo a través de la dependencia tecnológica. La autora, economista e investigadora, estudia estas corrientes, acérrimas creyentes de la IA como motor de progreso y promesa de un relato capaz de seducir a gobiernos de cualquier signo político.
En Silicon Valley conviven dos discursos ideológicos. Ambos se imponen sobre la sociedad e influencian a gobiernos alrededor del mundo. Ambos comparten una visión tecnooptimista en la cual el progreso es resultado del cambio tecnológico, en particular del desarrollo de la IA. Las dos visiones difieren, no obstante, en cómo perciben y se relacionan con el Estado.
Una es abiertamente antidemocrática y antiestatal. Plantea que, a través de la tecnología y los intercambios mercantiles, es posible realizar las funciones del Estado de forma más eficiente dado que este ha fallado en su misión de garantizar el progreso. Este es el discurso, entre otros, de Elon Musk, Alex Karp y Peter Thiel (cofundador de PayPal y Palantir, hoy devenido inversor de empresas startup). Estas figuras encarnan una ideología que el investigador Ali Rıza Tasşkale [1] caracteriza como futurismo reaccionario. Es una combinación de individualismo y determinismo tecnológico que promete libertad a quien pueda pagar por ella. Algo así como la Green Card que ofrece Trump por la módica suma de cinco millones de dólares mientras deporta miles de inmigrantes asistido por la tecnología de Palantir, la empresa que dirige Karp y que además fue fundada por el propio Thiel.
La libertad (de mercado) y la democracia son presentadas como contradictorias. Contraponerlas ataca el corazón ideológico de las democracias liberales. Es un ataque a sus principios, justamente en línea opuesta a la conclusión de Francis Fukuyama, para quien la caída del muro de Berlín había consolidado la idea de que ese era el modelo de gobierno legítimo frente a la monarquía, el fascismo, las dictaduras y el comunismo. De acuerdo a Fukuyama, se suponía que la democracia liberal carecía de problemas de base y en tal caso solo habría traspiés en su implementación si no se desarrollaba plenamente el doble principio de libertad (de mercado) e igualdad. Sea como fuere, no habría mejor modelo que la democracia liberal, modelo que debería expandirse al resto del mundo.
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