Neojuglaría VIII Festival #LdeLírica

Gonzalo Escarpa

Autor de más de diez poemarios y dos antologías de poetas de España, fue pionero de la poesía escénica y en los últimos años se dedica a crear plataformas para la divulgación de poéticas contemporáneas. Becado por la Fundación Antonio Gala, fue coordinador de la Fundación Centro de Poesía José Hierro y trabajó como especialista en políticas culturales comparadas en México. En 2017 el CSIC le otorgó el Premio Nacional Cultura Viva por su trayectoria poética. Actualmente dirige La Piscifactoría Laboratorio de Creación, el Máster de Creación Poética y el ciclo #LdeLírica. www.lapiscifactoria.es
www.escarpa.net

En su octava edición, #LdeLírica recibió más de 700 candidaturas. Como suele decirse fue muy difícil elegir —pero esta vez fue cierto; Lo Imposible lo afirma como parte del jurado— y solo pudo ganar una: Jara López Viñas. ¿El premio? 1881 € (cifra a juego con el año de nacimiento de Juan Ramón Jiménez) y publicación con Huerga y Fierro. Y algo más simbólico: justo a la hora en que declamaba la autora de los versos "Solo quedan las fuentes, los bancos de piedra / las palmeras con los huecos, lo legal / En nombre del Ayuntamiento está prohibido acampar", a escasos 400 metros, la Puerta del Sol se empezaba a llenar de tiendas de campaña. 


Nació muy poco tiempo después que el ciclo #LdeLírica, por el que han pasado más de 150 poetas. Hoy tiene ocho años. Llegó dudando de sí mismo, sin saber si existía una escena tan sólida como para lograr reunir a un número significativo de creadores. No podía tener la certeza de si lograría todos los apoyos necesarios para que un proyecto con vocación realmente nacional pudiera salir adelante. 

Y entonces aparecieron 300, 500, 700 poetas. Se presentaron más de 4000 poemas. El Premio descubrió a unos ganadores deslumbrantes que fueron moldeando una idea: la de apoyar la poesía oral, dicha, recitada, publicada en el aire, compartida. Disfrutamos del ciclón de Elsa Moreno, la hondura de Paloma Chen, la mirada ultraartística de Annëtt Batlles, la poesía filosófica de Samuel Merino.

#LdeLírica es una fiesta de la palabra convertida en espacio y cuerpo que sigue hoy su camino, apoyada por todos los que llevan años dando forma a un arte tan especial, insólito y alejado del espectáculo debordiano y la crispación contemporánea como la poesía viva. Quién sabe si algún día el Ministerio de Cultura admitirá la rotundidad con la que la poesía en directo, escénica, viva, perfopoética o como queramos llamarla se ha introducido en tantísimas realidades, incorporando este galardón entre sus otros Premios Nacionales.


 

POETA GANADORA: JARA LÓPEZ VIÑAS

Nació en Madrid en 1997 aunque se crió en un pequeño pueblo de la sierra de Gredos, Navacepeda de Tormes, y Ávila, santa católica apostólica y romana. Su madre le apuntó a teatro porque no quería que su hija fuera el personaje árbol no 3. Y le salió bien la cosa, dado que gracias a los certámenes infantiles y juveniles de teatro aprendió a leer y disfrutar del escenario. Su acercamiento a la poesía vino de Youtube y de oír a su madre recitar mientras cocinaba y la madre de su madre suponemos que también. Ha pasado por todos los estadios de la poeta incipiente, desde la autopublicación con “Cinco sentidos y medio corazón” en 2019, a la publicación de una editorial que no es ella misma con “La Renuncia” de Talón de Aquiles en 2023. Entre medias, paso por la desesperación, la sobreconfianza y el desgaste vocal que ofrecen los micros abiertos. Años más tarde, traicionó al verso por la prosa y publicó un libro de relatos anticapitalistas que solo han leído sus familiares y amigas llamado “De capital importancia” con La consentida. Ese mismo año, 2025, la psicóloga le dio el alta y ganó el Slam Poetry Valencia llegando a ser finalista del Slam Poetry Nacional. Gracias a esto, o por pena, le invitaron al festival de poesía Vociferio. En 2026, decidió dejar de sufrir sola frente al papel en blanco y creó junto a sus camaradas poéticos valencianos el colectivo político-poético GruPoetas para al menos sufrir acompañada. En sus sueños más húmedos, sueñan con ser el nuevo grupo de rock-punk-de cumbia poético haciendo una gira por toda España.

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POEMA: TURIA 

Tiene mi edad, se afeita en el alféizar 
 de la fuente donde bebe mi perro 
me mira mientras con sus manos de Baobab 
enraíza la navaja que en forma de cruz, 
refleja en mi rostro estelas de plata.

El frescor de la mañana se desmonta
al ritmo de patrullas por la cuenca
allá por donde pasó el río Turia
desmantelan su hogar de plástico de colores 
sus asientos trenzados de árboles 
abotonados de ramas sus tenderos
entre dos árboles sus zapatos vuelan 
sus sartenes sus mantas su ropa su...

Solo quedan las fuentes, los bancos de piedra, 
las palmeras con los huecos, lo legal.

En nombre del Ayuntamiento está prohibido “acampar”, 
que en su idioma se dice... ¿cómo se dice?
¿lo estarán entendiendo?
Siempre se entiende el: fuera, largo, tú no
eres el otro, el que huye, la mancha, el sin techo, 
el desgraciado, el sinpapeles...

Tiene mi edad pero no tiene dónde lo ponga
tiene mi boca pero no sabe qué pronunciar
tiene mi misma mano pero contra la pared, ¡no se mueva! 
mientras su casa es pisada, tirada al contenedor.
No tiene pertenencias porque no tiene lugar.

Mi perro ladra mi cuerpo tiembla mi impotencia
su mirada mi inacción su lágrima mi quietud
la memoria las sirenas el furgón el olvido.
Los hombres de azul transversales como abubillas 
les instan a irse
¿Irse a dónde, señor de porra enfundada?
¿Irse a dónde, inhumano de huevo estrecho?
Irse más allá del horizonte,
más allá de la naranja hollada más allá de cualquier sombra, donde no puedan ser
porque son donde no puedan tener el derecho
para no ser la violencia que cargan
más allá de una tierra remota donde
no queda el otro
el otro con sus ojos enjuagados de miedo 
encharcados de un río sin agua.

Es tu color de piel la que no puedo pintar
ni siquiera puedo darte un pedazo de parque 
donde el cielo se abra para que exprimas la vida 
tan solo te ofrece mi generoso país
una naranja hollada del Turia.

Y yo lloro ácido por ti,
tú que has sido devuelto, tú que no corriste lo suficiente 
delante del monstruo sin onzas de leyes que te amparen 
tú que no tienes alternativa donde poder cerrar los ojos 
tú que sobreviviste saltaste, tú te difuminas dejas de ser 
y yo sigo paseando a mi perro que bebe en tu fuente 
hay un fantasma afeitándose cuya cuchilla corta el aire.

El mismo aire que no es de nadie. 
Allí, imagino, te habrán dejado vivir.

 

POETA: JOAQUÍN CANO REINA

Nacido en Málaga en 1987, creció entre palabras que aún no sabía que acabarían acompañándolo de un modo tan determinante. Estudió Filología Inglesa y más tarde completó un máster en Estudios Ingleses y Comunicación Multilingüe e Intercultural en la Universidad de Málaga, donde empezó a afinar una mirada que oscila entre lengua, literatura y silencios. En 2007 obtuvo el segundo premio en los Premios COMBOCARTE de Nuevos Formatos de Creación con A paso de tortuga, una pieza musical que escribió e interpretó como quien ensaya otra forma de decir. Años después, en 2015, su relato Abandono fue reconocido con el primer premio del concurso “Atrévete a Escribir”, convocado por la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Álora. Ese mismo año se trasladó a Edimburgo, donde la distancia —y cierta niebla persistente— terminaron de desdibujar y reconstruir su voz. Regresó a Málaga en 2019 con otra forma de mirar: más atenta a las grietas, a lo incierto, a aquello que apenas se deja nombrar. Actualmente reside en la provincia de Málaga, donde trabaja como profesor de educación secundaria mientras continúa escribiendo desde ese lugar impreciso en el que el orden y el caos dejan de ser opuestos. "Untidy Clouds: Palabras en el caos" es su primera obra publicada.

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POEMA: LLANTO

Si el olvido un día llegase
de la mano del tirano miedo, con intención de quedarse hasta ser río de veneno, pediría permiso al aire
entre arrebatos de silencio.

Permiso para cantarte
o tal vez contar un cuento. 
No te duermas todavía. 
Llévate mis pensamientos:

Cuando el hombre mata al hombre, 
creyendo ser lado bueno,
y después celebra a voces
que es de su Dios el cielo,
un niño muerto llora este mar de desconsuelo.

Si entre escombros vive el hambre 
que ignoramos si es ajeno,
y aplaudimos al gigante
que arrasa lo que no es nuestro,
el niño llora que llora 
este océano de fuego.

¡Que alguien calle ese llanto! 
-Lágrimas de último aliento- 
que no escucho al miserable 
señalar al extranjero

¡Que alguien calle ese llanto! 
no vaya a ser que el tiempo, 
me recuerde que ese niño 
ayer pudo ser mi abuelo

 

POETA: ESTEBAN FAUNE DE COLOMBI

Esteban Feune de Colombi es un hacedor cuyos proyectos se concretan en forma de libros, performances, obras de teatro, canciones, películas, vinos u objetos. Nació en Buenos Aires y lleva sus haceres a distintas partes del mundo. Por ahora, sigue viviendo en El Bruc, un pueblito catalán al pie de la montaña de Montserrat. Hizo de parrillero, intérprete, editor, camarero, instructor de yoga, cosechero, vendedor, cajero, fixer, conferencista; a veces hace de periodista, actor, fotógrafo, performer, director, artista. Viaja, medita, camina, amasa, escribe y es la mitad de Compañía La Soledad, que comparte con la soledad de Marc Caellas. Sus obras se han visto en Buenos Aires (Museo Nacional de Bellas Artes), Barcelona (La Virreina y MNAC), Madrid (Círculo de Bellas Artes y teatro El Barrio), Berlín (Literatur Festival), Ciudad de México (Museo del Chopo), La Paz (CCE), Punta del Este (Galería del Este), Menorca (Trobades Camus), Cádiz (FIT) o Viena (Tozomia); sus libros se han publicado en Anagrama, Seix Barral, Caja Negra o La Uña Rota, entre otras editoriales.

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POEMA: ABUELO CAROL

lloré. punto.
quería empezar así. quiero.
fui canal para
ese verbo conjugado que preanuncia cosas. un nudo náutico amarrado a las cuerdas de mi garganta
por un viejo navegante subido al mástil
titilante en la tormenta. lloré, y punto.
a punta pala tampoco. lloré la una o las dos lágrimas bien avenidas en mi prontuario escueto de lloros.
y al llorar así
chiquito, mini, sin festivales, pensé
en mi abuelo materno, lo sentí de pronto, como si me tirara
de la manga, como si me despeinara la raya, como si me pidiera
con amplios motivos que lo recuerde;
o mejor, y con su voz, cuyo tinte fabulo:
“no me olvides”,
lo escucho decirme como una flor
desde el umbral. bueno, le decía yo,
te moriste seis años antes de mi nacer, carlos belzor,
apodado carol
como el papa wojtyla,
seis años que nada
son para este par
de lágrimas sin torrente. te voy a inventar
una vida, la forma
y el fondo de la vida que imagino que tuviste, que tenés junto a mí
y conmigo en este
lado del mundo,
poco distinto de aquel donde naciste,
abuelo carol.

 

POETA: BERNARD ENGEL 

Bernard Engel es poeta, docente y artista escénico, y nació en Valencia en 1991. Aunque no tiene problema en comer arroz con cosas si está bien cocinado, reconoce que con la paella existe un claro problema de nomenclatura, aunque hay problemas más graves de los que es mejor no hablar. Sus consideraciones sobre el arroz con cosas no le han valido ningún reconocimiento hasta la fecha, pero algunos de sus poemarios han sido galardonados (¡qué palabra, esa! Por lo visto viene del alemán…) con premios como el  Ciudad de Córdoba ‘Ricardo Molina’ 2025, el Internacional de Poesía María Rosal 2024, o la Bienal de Poesía Provincia de León 2025. Se ha interesado por la intersección entre oralidad y escritura, así como por asuntos tan irrelevantes como el sistema de reproducción de los percebes, que no por ser irrelevante deja de ser muy interesante. Interés y utilidad son cosas diferentes como todo amante de la poesía sabe. A la enseñanza de cosas inútiles como la poesía viene dedicándose desde 2020 en Poetik Lab, escuela online que reúne a poetas de España y Latinoamérica (en algunos de estos países llaman paella a verdaderamente cualquier cosa, y por eso ha aprendido a ser tolerante con el asunto).

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POEMA: MARGUERITE DURAS RECUERDA A SU MADRE, MARIE DONNADIEU, DESESPERADA ANTE EL OCÉANO, MIENTRAS LEE EN UNA NOVELA ALGO SOBRE LA INFANCIA, EL MAR Y LA ESPERANZA

Todo lo que recuerdo no ha existido.

Escribo, tacho, vuelvo a los zapatos 
que un día fueron sal en la memoria, 
con la esperanza intacta de encontrarme a mí misma
          y, sin embargo, nada, 
                              nada existe.

Es por eso que corro.

Tengo un grito en el pecho que no logro arrancarme,
y esta soledad única —de océano—
y un rencor en el tuétano, y un borde. 

Es por eso que corro detrás de cada sílaba.
Para alcanzar las cosas.

No las quiero decir, 
                               quiero alcanzarlas, 
quiero morder su cuello 
               como un guepardo hambriento
y detener su huida brutalmente.

Estoy hecha de olvido y de deseo.

Es por eso que corro. 

Ante el mar que rompe 
                                   y que me borra 
solo puede salvarme esta palabra. 

                    De Para Cantar Ceniza (2025, Editorial Cántico)

 

POETA: EVA ORTIZ AGUADO 

Nació un 20 de septiembre, rebañando el verano y apurando el lustro final del siglo XX. A los cinco años, creó el texto e ilustraciones de un relato titulado “El elefante es gordo y no se puede remediar” que puede considerarse el decidido pistoletazo de salida de su fulgurante carrera literaria y que contiene ya el reconocible germen de toda su producción. Desde entonces y hasta la mayoría de edad, a medida que iba desarrollando un heterogéneo corpus narrativo, tuvo tiempo y ganas de probar suerte con el género dramático y este afán cristalizó, fundamentalmente, en el alumbramiento de la sátira Mentís, mentís, ¿por qué mentís?, una feroz diatriba contra un profesor que se mostró (acertadamente, sin duda) demasiado crítico con uno de sus primeros guiones teatrales. Después, la vida fue pasando alrededor, ahormando poco a poco la persona en que se ha ido convirtiendo: sus textos y sus fotos fueron siendo cada vez mejores («Me estimo poco cuando me examino, mucho cuando me comparo», decía el conde de Villiers) y, aunque no pueda decirse lo mismo de su técnica musical en los varios instrumentos que se empeña en tocar, por lo menos ha ido ampliando el repertorio. En 2016 publicó por primera vez una novela de las muchas que se iban acumulando en el cajón (el resto de las cuales no verá jamás la luz del sol, palabra de honor), titulada El futuro llega hoy al mediodía, que trata sobre un tipo que sale de su casa y no vuelve. El lapso transcurrido desde entonces lo ha dedicado a la difícil compatibilización del vertiginoso precipitarse en la vida adulta que ha sido su paso por la universidad y las oposiciones con el lento y esforzado tour de force que ha supuesto erigir El próximo libro, una arriesgada creación metaliteraria que también trata sobre un tipo que sale de su casa y no vuelve. Eva, por cierto, no tiene ningún problema en quedarse en la suya, de hecho es donde más a gusto está. En otro orden de cosas, durante casi una década, ha llamado insistentemente a las puertas del Certamen de Arte Joven de Castilla y León y, aunque ha obtenido una mención especial (precisamente, por Mentís, mentís, ¿por qué mentís?) y un accésit (este último, por una nouvelle titulada El postmoderno Caín y protagonizada por tenistas de la tercera edad), nunca logró el ansiado primer premio. Actualmente, se gana la vida explicando las jarchas y los complementos verbales que antes tanto aborrecía y, dado que, desde el principio, tuvo claro que quería ser profesora «para tener las tardes libres y poder escribir», suponemos que está cumpliendo su sueño… aunque hay días, ya se sabe, en que defenestraría a sus alumnos –uno a uno (salvo honrosas excepciones)– sin dudarlo.

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POEMA: DE ASUNTOS FALTA 

El poeta que cumple treinta años
ya no es joven promesa de las letras.

Lo que otrora caía de sus dedos
debe labrar con perlas en la frente.

Cuando parte en gozosas vacaciones
mete siempre un cuaderno en la maleta,
se lo lleva por Viena y Luxemburgo,
y por Niza, Burdeos y Milán;
porque, como Stendhal paseaba espejos
y porque Baudelaire flaneaba tanto
cree que yendo de farra ya se impregnan
las páginas de pura poesía,
sin tener que irse a casa a rellenarlas
con tinta, sin pretextos, letra a letra.

Le reprocha la página impoluta
los proyectos que hicieran, aún nonatos,
y él responde que, estéril de ocurrencias,
lo máximo que puede fabricarle
es un escrito sobre no escribir.
Un buen día, se marcha a un prado idílico
para ver si allí alumbra alguna cosa.
Por arriba, en el cielo, están las nubes,
y las aves rapaces que planean
con esa poderosa aerodinamia
parecen más bien poco impresionadas
por esta acción tan cursi y performática.
Frente a ti se despliega un gran paisaje
de perfiles azules y amarillos,
esa terrible estepa castellana.
Te rodean los cardos y las hierbas
también la avena loca, y unas malvas,
y otras plantas, no sé cómo se llaman.
Aquí chisporrotea la chicharra,
allá se oye el gorjeo de los pájaros,
las mariposas vuelan, indolentes,
y en derredor pulula un abejorro.
Y tú, joder, no encuentras acomodo
en un banco de piedra tan ingrato (!).
Se te suben hormigas por las piernas
y en tu flujo creativo se entromete
la presencia, en el suelo, de colillas,
de mecheros, de bolsas de patatas,
y también una lata de Nestea.

Pero, quizás, todo esto sean excusas
para no producir apenas nada;
lo que sí, tan plagado de obviedades
que parece agotada la poesía,
que hubiera que reusarla otra vez toda
pero dada la vuelta y remendada.

Fray Luis dejó unos tuppers generosos
de esa maravillosa luz no usada,
mas hubo mucha gente desde entonces
y no nos han dejado ni una miga.

Hubiera estado bien vivir los tiempos
en que no era pueril ni mentecato
escribir un poema sobre el mar,
hablar de lo sencillo y de lo eterno,
porque el árbol, el fuego, las montañas,
y la luz, y la brisa, y la inocencia
parece que perviven y que flotan
mientras lo otro, execrable, se va al fondo.
Pero, después de dos guerras mundiales,
péndulo aristotélico prescrito,
sin saber si ser clásico o moderno,
lastrado por el zeitgeist ponderoso
de nuestro mundo añejo y desnortado…
el poeta reúne sus enseres
(y no su dignidad, pues no le queda)
y se marcha a su casa, paso a paso.

El poeta que cumple treinta años
está empezando a estar un poco harto.

 

POETA: FIGU GARCÍA (CANARIAS)

Nací en Madrid, y me mudaron desde chiquito a las Canarias, pero podría decirse que mi biografía comenzó mucho después, en algún instante impreciso mientras me adentraba en la mar. Durante años dejé que las aguas escribieran sobre mi piel con sal, viento, intemperies y derivas; navegué a vela por distintos mundos mientras aprendía a escuchar aquello que todavía no tenía palabras. Nunca tuve prisa por escribir. Quizá necesitaba antes vivir físicamente la poesía, descubrir que el universo ya está lleno de versos y que escribir es apenas intentar nombrar lo que alcanzamos a percibir. De aquellas navegaciones nacieron libros de narrativa con historias de mar y, más tarde, los poemarios Retratos de una voz y Prendas íntimas (Catálogo unisex), además de diversas colaboraciones en publicaciones, festivales y antologías a ambas orillas del Atlántico. Disfruto especialmente de los encuentros y recitales donde la poesía conversa con otras artes y disciplinas, sobre escenarios que nunca son del todo previsibles. He sido finalista en algunos certámenes y también simple atrezo en otros, pero nunca entendí esos espacios como lugares para competir, sino como oportunidades para compartir, aprender y navegar junto a otras voces viajeras. Al fin y al cabo, 13.800 millones de años dan para muchas historias, para incalculables errores y derivas, o coordenadas, como para pretender que una sola vida pueda explicarse por si misma, o comprender su entorno sin la poesía. Quizás por eso sigo sin saber hacer una biografía. Y quizás, y por todo ello, tampoco tenga demasiada importancia, como estos versos, que sin lugar para la duda, ya fueron escritos antes.

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POEMA: SOBRE EL ECO Y OTROS ERRORES

Quizás haya un destino que une,
otro, empeñado en separarnos.
Quizás sea el pulgar de un césar
él que decide, o manos,
las que tejen tramas y urdimbres
sobre gráficos en diez dimensiones,
entre cuerdas cuánticas y,
marañas de algoritmos erráticos. 

Quizás solo seamos un eco
atorado y confuso,
la falla de un chip.
El sueño de Quevedo,
una sombra en la cueva,
el error de un dios adormecido. 

Somos libres para elegir
nuestro propio espejismo,
para vivirlo libres
dueños de nuestro propio infinito,
y en esa ilusión construimos hogar
sin saber que el camino,
—antes siquiera de existir—
ya nos había elegido

Sí, quizás ya fuimos escritos.
¡Ya saben, no todo ardió
en la vieja Alejandría!,
y quizás, solo quizás,
ya hubo un alma que se preguntó
sobre todo esto y poseída,
tomó su pluma, pergaminos,
leyó, emborronó,
leyó y suspiró,
leyó y reescribió estos versos,
estos mismos versos que ahora laten
aquí, sobre tus manos inquietas.
Y quizás, solo quizás,
este poema ya calcinó otros universos.
Y quizás solo quizás,
el tiempo vuelva para girar
sobre la que creo es mi voz,
y así repetirse una y otra vez,
y así repetirse como un engranaje más
en un bucle de ires y venires
sobre la trama del cosmos.
Sin saber que ya fui.
Sin saber si esto es principio
o por contrariar un simple final,
pendiente de resolución.

 

POETA: VANESA GLEMSEL

Soy filóloga, editora y creadora. Graduada en Galego e Español, posgraduada en Xestión e Planificación Editorial y máster en Enseñanza de Portugués como Lengua Extranjera, también me he formado en teatro e improvisación teatral, técnica vocal, escritura creativa y poesía. En algún momento decidí que todo eso podía convivir, y desde entonces me dedico a intentarlo. Trabajo alrededor de la palabra, especialmente cuando se escapa del papel y se sube a un escenario. He desarrollado distintas propuestas en  spoken word y poesía escénica, como Ensalada Tropical o Diapasón Desastre, además escribo y traduzco tanto para el libro como para la escena y el audiovisual. En solitario he publicado  Sutura (Urutau) y Diapasón Desastre (Edicións Fetiche), además de participar en distintas antologías y proyectos colectivos. Compagino la creación con la docencia y la edición. En 2019 fundé, junto al artista gráfico Davida, Edicións e Producións Fetiche, un proyecto desde el que trabajo con poesía en lengua gallega que es mi idioma de creación y vida.  En general, me gustan los lugares maravillosos donde la palabra empieza a hacer de las suyas y transmuta en otra cosa.

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POEMA 

hai tempo que decidín a morte
escollín a enfermidade para vomitala —amodo— basta
sobre cada estrutura fractal desta existencia en desacougo
teño cheiro                                                                                                        
e frío
e rabia
conteño un millar de goteiros percorrendo o meu fluxo sanguíneo
principios activos a centos abrollándome nas bágoas 
posúo decenas de camas de hospital e cicatrices fermosas
ducias de bombóns e montes de flores murchas
                                                                  en velorio

 


 

El VIII Premio L de Lírica se falló en la sala Ámbito Cultural (Madrid) el 26 de septiembre de 2026 alrededor de las 21:00. El jurado estuvo compuesto por Paloma Chen, Bruno Galindo, Samuel Merino, Cristina Consuegra, Víctor Ordóñez, María Sevilla Paris y Carlos Aganzo. 

Poesía poesía viva | perfopoesía | poesía escénica | spoken word | neojuglaría

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