Oulipiana Otros libros y así (*)
daniela franco
daniela franco ejerce la polivalencia diletante, vive entre México y París y, cuando no le queda otro remedio, trabaja como artista en la creación en dibujo, literatura y música, y en el uso de plataformas virtuales. Estudió arte conceptual en el Art Institute de San Francisco. Ha recibido becas de la Fundación Rockefeller, Fulbright y del FONCA.
Aunque no soy escritora, cuando pienso en afinidades generacionales me encuentro siempre más a gusto entre los poetas y novelistas que entre los artistas contemporáneos. La literatura fue un interés más temprano que el arte y aunque nunca pensé en escribir, siempre me he dedicado a la ficción: a contar historias. Cuando cuento las mentiras se convierten en verdad, decía Lola Flores. Hago libros que toman otras formas y soportes, literatura que no se escribe, etc.
En mis años formativos acumulaba libros casi con fines decorativos: Borges me enseñó que no era necesario leerlos. Los libros como artefacto ostentatorio y aspiracional con su consiguiente rutina de marca a fuego.
La primera vez que compré un libro de Enrique Vila-Matas fue en Madrid en 2002. Lo sé porque escribo la fecha y la ciudad en torno al exlibris; cuando compraba libros lo hacía, supongo, por cursilería y pose, pero conforme pasaron los años se fue convirtiendo en testimonio. No recuerdo haber estado en Madrid en 2002, pero si el libro lo dice es que estuve.
Mis medios principales como artista son colaborar y coleccionar, y este texto va de ambos. Junto a la ciudad, la fecha y el exlibris suele encontrar hueco, cuando corro con suerte, la dedicatoria del autor. En ese ejemplar de Historia abreviada de la literatura portátil, la firma de Vila-Matas, que entonces solía acompañar dibujando(se) a un señor con gabardina y sombrero, esquiva como puede mi “Madrid, 2002” y el señor de gabardina parece posarse sobre el exlibris.
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